La Costa del Sol
Recientemente, se cambió el nombre de la costa granadina por "Costa Tropical". Ésta se encuentra protegida de los vientos del norte por una montaña que en ocasiones alcanza el borde del mar. Esta costa privilegiada consiste en una serie de extensas playas, pesquerías, calas semi-escondidas entre los acantilados y puertos deportivos. El clima templado, la escasa lluvia y la brisa marina producen una vegetación semi-tropical donde son frecuentes las adelfas, palmeras, cipreses, hibiscos y pinsapo que solamente crece en Málaga y Cádiz. La proximidad de zonas muy diferentes- montañas, valles llenos de huertos, el mar- es sin duda una de las principales atracciones de la costa, la cual posee los rasgos más atractivos del paisaje y la cultura Mediterránea. Como se podía acceder con facilidad desde los lugares más importantes del antiguo mundo mediterráneo, la Costa del Sol fue visitada por Fenicios, Griegos y Cartagineses. El imperio romano también giró sus tentáculos hacia ella y dejó restos considerables que el viajero puede admirar en los museos provinciales y municipales. Pero será el período islámico el que deje la marca más profunda, no solamente en lo que respecta a la atmósfera de muchos pueblos, sino también en cuanto a los medios más tradicionales de ganarse la vida como el cultivo de huertos, incuestionable legado enseñado por sus originarios creadores árabes, y la artesanía donde las raíces islámicas en las técnicas y diseños son más que evidentes. La música popular y los magníficos edificios musulmanes son de obligada visita para el viajero, pues ocupan un lugar de primera importancia entre las características de la cultura andaluza y en consecuencia de la Costa del Sol.
El cristianismo en estas tierras coincide con la Edad Moderna. Entre el s. 16 y el s. 18 las ciudades y los pueblos estaban dotados de iglesias y palacios por aquel entonces totalmente occidentalizados, aunque en ocasiones es posible distinguir rasgos árabes en las formas barrocas.
Allí los viajeros encontrarán una gran cantidad de modestas iglesias parroquiales rurales. Al visitarlas, deambulará a través de pequeñas y encaladas calles presentes en cada pueblo de la Costa del Sol. Su visita es obligada, casi como conocer los pasillos, habitaciones y jardines de La Alambra.
Zona
oeste de la Costa del Sol
Además del folklore presente en las zonas turísticas, también es posible alcanzar el corazón y el alma de las celebraciones populares. Las fiestas, la Semana Santa, los concursos de flamenco y los toros son probablemente las mejores recomendaciones para los viajeros que no han quedado satisfechos sólo con la primera cosa que encontraron. Asimismo, se puede degustar los vinos de la región en los encantadores lagares de otro tiempo y probar desde el pescaíto (pescado frito), preparado de acuerdo con las exigentes reglas de la cocina popular, a la actual "cocina internacional".